INAUGURACIÓN DE LAS OBRAS DE REHABILITACIÓN DE LA IGLESIA DEL CARMEN

Después de casi seis meses de trabajos de rehabilitación y consolidación integral del templo parroquial de Nuestra Señora del Carmen, de Murcia, el Sr. Obispo de la Diócesis de Cartagena, D. José Manuel Lorca Planes ha inaugurado las obras realizadas en una solemne Eucaristía concelebrada con el Sr. Cura-Párroco y otros sacerdotes que han pasado por esta parroquia en los últimos años.
Los arquitectos del proyecto y los representantes de las empresas constructores estuvieron en el acto.

El Sr. D. José Luis Mendoza, Presidente de la UCAM también estuvo presente en el acto, así como representantes de otros colectivos parroquiales.
Numerosos feligreses abarrotaban el templo.
Al finalizar la ceremonia se hizo entrega de un recuerdo con la imagen de la Virgen del Carmen a varias personas.







NOVENARIO A LA VIRGEN DEL CARMEN

Durante este mes de julio, mes de Nuestra Señora del Carmen, celebramos los actos a nuestra Patrona y a la del Barrio del Carmen.
Os adjuntamos la información del Novenario y de los actos del día 16 de julio de 2014, Festividad de la Virgen del Carmen.
Estáis invitados.

LA IGLESIA ARCIPRESTAL DEL CARMEN EN OBRAS

Desde el pasado 2 de junio nuestro templo arciprestal del Carmen está en obras al ser necesaria y urgente la eliminación de la humedad del suelo y de los muros exteriores e interiores del templo.
La iglesia permanecerá cerrada a los actos litúrgicos durante un periodo aproximado de cuatro meses.
Durante este tiempo las misas y otros actos litúrgicos se celebrarán en la capilla del Cristo de la Sangre, anexo al templo parroquial, y durante los fines de semana y festivos se celebrarán en el pario del Colegio Público "El Carmen", al lado del templo.
El horario de misas durante el verano serán:
Días laborales:    8:30 y 20:15 horas
Sábados:             8:30 y 20:00 horas
Domingos y festivos:    9:00, 11:00 y 20:00 horas.

DESPEDIDA A LA VIRGEN DE LA FUENSANTA

Hoy martes día 6 de mayo, de regreso a su Santuario en el monte, después de haber pasado la Cuaresma, Semana Santa y Fiestas de Primavera en la catedral de Murcia, hemos recibido a la Virgen de la Fuensanta a su entrada al Barrio del Carmen por el Puente Viejo, y la hemos acompañado hasta su llegada a la Iglesia Arciprestal de Nuestra Señora del Carmen.
Allí el Sr. Cura-Párroco, D. José Carrasco Pellicer, acompañado por miles de fieles de Barrio del Carmen y de Murcia entera la ha recibido, se le ha cantado su himno y se le ha despedido hasta que regrese de nuevo a primeros del mes de septiembre.
Las puertas de la Iglesia estaban abiertas para que la Virgen de la Fuensanta (patrona de la ciudad de Murcia), se encontrara con la Virgen del Carmen, patrona del Barrio de su mismo nombre.

VÍA CRUCIS EN EL BARRIO DE SAN ANTOLÍN

El sábado día 22 de marzo la Hermandad Juvenil de la Virgen de Fátima, de la Parroquia de San Antolín. organizó un VIA CRUCIS por las calles de ese barrio.
La imagen de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, que recorría las calles del Barrio de San Antolín, pertenece a nuestra Parroquia y fue cedida para esta ocasión, a petición del presidente de la Hermandad Juvenil, y con autorización del Sr. Párroco del Carmen.
Es la primera vez que salía en procesión, fuera del tempo de Nuestra Señora del Carmen.



LA IGLESIA DEL CARMEN RECIBE A LA VIRGEN DE LA FUENSANTA

EN SU BAJADA A LA CIUDAD DE MURCIA DESDE SU SANTUARIO EN EL MONTE la Virgen de la Fuensanta, Patrona de la ciudad de Murcia, es recibida por las autoridades civiles, militares y eclesiásticas en la puerta del templo arciprestal del Carmen.
La imagen de la Fuensanta entra al templo parroquial, donde delante de la imagen de Nuestra Señora del Carmen, es recibida y agasajada a su entrada en la ciudad.
Este año ha venido acompañada por la lluvia.
La Fuensanta siempre hace su primera visita a la Virgen del Carmen. 
La imgen de la patrona de la ciudad se dirigirá posteriormente a la catedral de la Diócesis. Allí permanecerá durante el resto de la Cuaresma, la Semana Santa y las Fiestas de Primavera, para regresar al monte a primeros del mes de mayo

Fotos: cortesía de La Verdad Digital

BESAPIE ANUESTRO PADRES JESÚS DE MEDINACELI

El viernes día 7 de marzo de 2014, primer viernes de Cuaresma, se celebrará en nuestra Parroquia del Carmen, de Murcia, el BESAPIE a la imagen de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, que habitualmente se encuentra en una capilla lateral del Altar Mayor.
A las 7:30 se celebrará la apertura del Besapié.
Se celebrarán misas a las 8:30, 10;30, 19:00 y 20:00 horas.
A las 11:00 y a las 19:45 se celebrarán sendos Vía Crucis, por el interior del templo. 
A las 18:30 horas se rezará el 
Santo Rosario.


5 DE MARZO DE 2014 - COMIENZA LA CUARESMA

Recordamos que el próximo miércoles día 5 de marzo da comienzo el Tiempo de Cuaresma, que se prolongará hasta el Domingo de Ramos.
El Papa Francisco nos envía un mensaje a todos los católicos del Mundo, que reproducimos a continuación:


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2014 
Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9) 
 
Queridos hermanos y hermanas: 
Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el  camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? 
¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico? 
La gracia de Cristo 
Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, 
generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22). 
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. 
Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2). 
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). 
Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a 
convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29). 
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo. 
Nuestro testimonio 
Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. 
No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo. 
A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. 
En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la 
igualdad, a la sobriedad y al compartir. 
No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera. 
El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana. 
Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué 
podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele. 
Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde. 
Vaticano, 26 de diciembre de 2013 
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir 
 
                                                                                                                 FRANCISCO 

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

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SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
Nuestra Parroquia se une a la celebración con diversos actos religiosos.